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“Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”.

Salmo 20:7, (RVR1960).

¿EN QUIÉN ESTÁ PUESTA NUESTRA CONFIANZA?

Todos enfrentamos días de conflicto. Momentos en que una preocupación familiar, una enfermedad, un problema económico o una decisión importante nos hace sentir inseguros. “Jehová te oiga en el día de conflicto” (v.1). David nos recuerda que, cuando llegan las dificultades, podemos acudir a un Dios que escucha. No necesitamos aparentar fortaleza delante de Él; podemos acercarnos con nuestras cargas y pedir Su ayuda.

En los primeros versículos encontramos al pueblo orando por su rey antes de enfrentar la batalla. Le piden al Señor que lo sostenga, lo ayude y responda a sus peticiones. Una expresión preciosa dice: “Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga” (v.2). Nuestra seguridad no está solamente en los recursos que tenemos, sino en el Dios que puede sostenernos cuando nuestras fuerzas no alcanzan. Y así como aquel pueblo intercedía por su rey, nosotros también podemos acompañar en oración a quienes están atravesando momentos difíciles.

“Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (v.7). En aquellos tiempos, los carros y caballos representaban el poder militar y la seguridad humana. David no estaba negando su utilidad; estaba enseñando que ningún recurso puede ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón. Hoy nuestros carros y caballos pueden ser el dinero, nuestros conocimientos, los contactos o nuestra capacidad de resolver problemas. Todo eso puede ser útil, pero nuestra confianza más profunda debe descansar en el Señor.

El Salmo declara: “Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie” (v.8). La confianza en Dios no significa que nunca enfrentaremos dificultades, sino que podemos permanecer firmes porque Él es nuestro sostén. La fe no consiste en tener todo bajo control, sino en aprender a depender de Aquel que permanece fiel.

Puedo utilizar todos los recursos que Dios me ha dado, pero mi confianza no descansa en lo que tengo, sino en el Señor que me sostiene.



Puedes hacer lo que esté a tu alcance, pero no necesitas cargarlo todo solo. ¿En qué estoy depositando mi seguridad: en mis recursos y capacidades, o en el Señor que escucha y sostiene mi vida?

Hoy pongamos nuestras preocupaciones delante de Dios y recordemos Su fidelidad.

El Señor te bendiga.