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“Escucha mi voz por la mañana, oh Señor. Cada mañana llevo a ti mis peticiones y quedo a la espera”.

Salmo 5:3, (NTV)

CADA MAÑANA, MI CORAZÓN DELANTE DE DIOS

David comienza el día buscando al Señor. Antes de enfrentar sus problemas, presenta su corazón delante de Dios y espera en Él “Oh Señor, óyeme cuando oro;  presta atención a mi gemido. Escucha mi grito de auxilio, mi Rey y mi Dios, porque solo a ti dirijo mi oración.” (vv.1-2). Pero su oración va mucho más allá de pedir ayuda.

Buscar a Dios cada mañana también significa permitir que Él examine, limpie y dirija nuestro corazón. David reconoce que Dios es santo, “Oh Dios, la maldad no te agrada; no puedes tolerar los pecados de los malvados.”(v.4) que no se complace en la maldad y que los orgullosos no pueden permanecer en Su presencia “Por lo tanto, los orgullosos no pueden estar en tu presencia, porque aborreces a todo el que hace lo malo.” (v.5).

No podemos buscar sinceramente la presencia de Dios y, al mismo tiempo, querer permanecer abrazados al pecado.

Por eso David declara que entrará en la casa de Dios por Su gran amor y adorará con profunda reverencia “Gracias a tu amor inagotable, puedo entrar en tu casa; adoraré en tu templo con la más profunda reverencia.(v.7).

¡Qué hermosa actitud! No se acerca confiando en sus propios méritos, sino en la misericordia del Señor. Luego pide: “Guíame por el camino correcto, oh Señor” (v.8).

David también enfrenta enemigos cuyas palabras están llenas de engaño y destrucción (vv.9-10). Sin embargo, no permite que la maldad de otros determine su camino: busca la dirección y la protección de Dios.

Y el Salmo termina con una promesa llena de esperanza: quienes se refugian en el Señor pueden cantar de alegría, porque Su favor los rodea como un escudo “Pero que se alegren todos los que en ti se refugian; que canten alegres alabanzas por siempre. Cúbrelos con tu protección, para que todos los que aman tu nombre estén llenos de alegría. Pues tú bendices a los justos, oh Señor;  los rodeas con tu escudo de amor.”(vv.11-12).

La presencia de Dios no solo nos da refugio frente al mal; también transforma nuestro corazón y lo llena de alegría.

Cada mañana busca Su presencia: deja que Dios limpie tu corazón, dirija tus pasos y te rodee con Su amor



Hoy, antes de comenzar nuestras actividades, hagámonos tres preguntas:

  • ¿Qué necesita Dios limpiar o corregir en mi corazón?
  • ¿Estoy buscando Su dirección o solamente Su ayuda?
  • ¿Estoy entrando en Su presencia con humildad, gratitud y reverencia?

Que nuestra primera búsqueda no sea solamente encontrar respuestas, sino encontrarnos con el Señor y permitir que Él dirija nuestra vida.

El Señor te bendiga.