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“En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, oh Señor, me mantendrás a salvo”.

Salmo 4:8, (NTV)

La paz que viene de confiar en Dios

David comienza este Salmo clamando a Dios en medio de su angustia “Respóndeme cuando clamo a ti, oh Dios, tú que me declaras inocente. Libérame de mis problemas; ten misericordia de mí y escucha mi oración.”(v.1). Hay personas que lo desacreditan, cuestionan su vida y buscan cosas sin valor “¿Hasta cuándo, señores, arruinarán mi reputación? ¿Hasta cuándo harán acusaciones infundadas contra mí?  ¿Hasta cuándo seguirán con sus mentiras? “(v.2).

Sin embargo, David recuerda algo fundamental: el Señor escucha cuando sus hijos lo llaman. “De algo pueden estar seguros: el Señor ha separado para sí a los justos; el Señor me responderá cuando lo llame.(v.3).

Por eso invita a examinar el corazón, guardar silencio delante de Dios y confiar en Él “No pequen al dejar que el enojo los controle; reflexionen durante la noche y quédense en silencio. Ofrezcan sacrificios con un espíritu correcto y confíen en el Señor.”(vv.4-5).

Mientras muchos preguntan dónde encontrar felicidad, David reconoce que la alegría que Dios pone en el corazón es mayor que la abundancia material. “Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará tiempos mejores?». Haz que tu rostro nos sonría, oh Señor. Me has dado más alegría que los que tienen cosechas abundantes de grano y de vino nuevo.” (vv.6-7).

La verdadera paz no viene de tener todo resuelto, sino de saber que nuestra vida está en las manos de Dios.

David termina el Salmo descansando. Sus circunstancias no necesariamente han cambiado, pero su corazón ha encontrado seguridad en el Señor.

Cuando aprendemos a confiar en Dios, nuestro corazón puede descansar aun cuando las circunstancias no cambien.



Antes de terminar este día, piensa: ¿Qué preocupación estoy llevando a mi cama que debería entregar primero al Señor?

Podemos descansar porque Dios sigue cuidando de nosotros.

El Señor te bendiga