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“Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea;
    eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto. Clamé al Señor, y él me respondió desde su monte santo. Me acosté y dormí, pero me desperté a salvo, porque el Señor me cuidaba.”

Salmo 3:3-5, (NTV)

PUEDO DESCANSAR PORQUE DIOS ME SOSTIENE

David estaba rodeado de problemas. Sus enemigos aumentaban y muchos incluso decían que Dios ya no lo ayudaría “Son tantos los que dicen: «¡Dios no lo rescatará!»(vv.1).

Pero David cambia su mirada: “Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea; eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto.” (v.3).

Las circunstancias no habían cambiado todavía, pero David recordó quién estaba con él. Dios era su escudo, su gloria y quien levantaba su cabeza.

Y entonces ocurre algo sorprendente: David duerme. “Me acosté y dormí, pero me desperté a salvo, porque el Señor me cuidaba.”(v.5).

No porque sus problemas hayan desaparecido, sino porque entendió que mientras él descansaba, Dios seguía cuidándolo.

La paz no siempre llega cuando termina el problema; muchas veces llega cuando aprendemos a confiar en Dios dentro del problema. “No tengo miedo a los diez mil enemigos que me rodean por todas partes”(v.6).

Puedo descansar y porque Dios me cuida y sostiene.



Quizás hoy tienes algo que te preocupa y que incluso te cuesta dejar de pensar. Entrégaselo al Señor. Hay cargas que debemos enfrentar, pero hay otras que necesitamos dejar de intentar controlar.

Dios también trabaja mientras nosotros descansamos.

Piensa en: ¿Qué preocupación necesito entregarle hoy a Dios y confiar que Él me sostendrá?

El Señor te bendiga.