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“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.”

Romanos 12:1-2, (NTV)

UNA VIDA TRANSFORMADA

Romanos 12 comienza con una expresión muy importante: “Por lo tanto…” Pablo viene de hablarnos durante once capítulos del pecado, la salvación, la fe, la gracia y la misericordia de Dios. Ahora dice, en otras palabras: Después de todo lo que Dios ha hecho por ustedes, ¿cómo responderán?

La respuesta es poderosa: “Entréguense a Dios…” (v.1).

La vida cristiana no consiste solamente en creer algo acerca de Dios; es entregarle nuestra vida a Dios. La gracia que recibimos debe producir una vida transformada.

Por eso Pablo dice que no debemos permitir que el mundo determine nuestra manera de pensar, sino dejar que Dios transforme nuestra mente (v.2). Y esa transformación comienza a verse en cosas muy concretas durante el resto del capítulo: usamos nuestros dones para servir (vv.3-8), amamos sinceramente (vv.9-10), servimos al Señor con entusiasmo (v.11), perseveramos en la oración (v.12), bendecimos incluso a quienes nos persiguen (v.14) y, en vez de devolver mal por mal, vencemos el mal haciendo el bien (v.21).

Es decir, una mente transformada termina produciendo una manera diferente de vivir.

La gracia que nos salva no solo cambia nuestro destino; cambia nuestra manera de vivir.



Hoy podemos preguntarnos: ¿En qué área de mi vida todavía estoy pensando como piensa el mundo y necesito permitir que Dios transforme mi manera de pensar?

Puede ser nuestra forma de reaccionar, perdonar, administrar, relacionarnos, servir o enfrentar los problemas. No basta con decir: “Señor, cambia mis circunstancias”. Tal vez hoy nuestra oración necesita ser: “Señor, transfórmame a mí.”

Porque cuando Dios transforma nuestra manera de pensar, comienza también a transformar nuestra manera de vivir.

El Señor te bendiga.