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Devocional
“Algunas ramas del árbol de Abraham algunos del pueblo de Israel han sido arrancadas; y ustedes, los gentiles, que eran ramas de un olivo silvestre, fueron injertados. Así que ahora ustedes también reciben la bendición que Dios prometió a Abraham y a sus hijos, con lo cual comparten con ellos el alimento nutritivo que proviene de la raíz del olivo especial de Dios. Así que no se jacten de haber sido injertados para reemplazar a las ramas que fueron arrancadas. Ustedes son solo una rama, no son la raíz.”
Romanos 11:17-18, (NTV)
Tesoro Bíblico
No te olvides de la raíz
Romanos 11 comienza con una pregunta muy importante: “Entonces, ¿Dios ha rechazado a su propio pueblo, Israel?”
(v.1). Pablo responde inmediatamente: “¡Claro que no!” Y él mismo es una evidencia de ello: Pablo era israelita y había creído en Cristo.
También recuerda la historia de Elías, cuando parecía que todo Israel se había apartado de Dios. Elías llegó a pensar que estaba completamente solo, pero Dios le respondió: “Todavía tengo siete mil que no se han inclinado ante Baal.”(v.4).
Esto nos enseña algo poderoso: A veces lo que nuestros ojos alcanzan a ver no representa todo lo que Dios está haciendo. Quizás Elías pensaba: “Soy el único.” Pero Dios estaba obrando en silencio.
Y Pablo aplica ese principio al presente: “Lo mismo sucede hoy, porque unos pocos del pueblo de Israel han permanecido fieles debido a la gracia de Dios…”(v.5)
Y aquí vuelve a aparecer una palabra que atraviesa toda la carta: Gracia. No fue porque ellos fueran mejores. No fue porque hubieran acumulado suficientes méritos. Fue por gracia.
El olivo y las ramas. Después Pablo utiliza una imagen muy hermosa: Un olivo.
Las ramas naturales representan a Israel, y las ramas de un olivo silvestre representan a los gentiles que han creído en Cristo.
Algunas ramas fueron cortadas por su incredulidad, y otras fueron injertadas. Pero Pablo hace una advertencia muy fuerte a los creyentes gentiles: “No se jacten…”(Romanos 11:18).
¿Por qué?
Porque la rama injertada no sostiene la raíz. “Recuerda que tú no eres la raíz que nutre al árbol; es la raíz la que te nutre a ti.”
(v.18) ¡Qué imagen! La gracia que recibimos nunca debe convertirse en orgullo espiritual. No podemos mirar a otra persona diciendo: “Yo estoy aquí porque fui mejor que tú.”
Estamos aquí porque Dios tuvo misericordia de nosotros. Pablo incluso dice: “No debes pensar que eres mejor que las ramas que fueron cortadas.”(v.20).
Y concluye: “Así que no seas orgulloso, sino que ten cuidado.”
(v.20). La raíz nos recuerda de dónde venimos
Esta imagen tiene una aplicación muy práctica. Cuando Dios comienza a bendecirnos, podemos olvidar fácilmente que todo comenzó con gracia.
- Podemos comenzar dependiendo de Dios y terminar dependiendo de nosotros mismos.
- Podemos comenzar agradecidos y terminar orgullosos.
- Podemos comenzar diciendo: “Todo lo recibí de Dios.” Y después comenzar a pensar: “Mira todo lo que yo he conseguido.”
Romanos 11 nos llama nuevamente a la humildad.
No olvides la raíz. No olvides quién te alcanzó. No olvides de dónde te sacó. No olvides que la salvación fue un regalo.
Y Pablo termina adorando. Después de explicar verdades profundas que incluso él mismo reconoce que son difíciles de comprender, Pablo no termina con una discusión.
Termina adorando. “¡Oh, qué grande es la riqueza, la sabiduría y el conocimiento de Dios!” (Romanos 11:33).
Y continúa: “Pues todo proviene de él y existe por su poder y tiene como objetivo su gloria.”(v.36).
¡Qué final! Pablo comienza preguntando: “¿Dios abandonó a su pueblo?” Y termina contemplando: “¡Qué grande es la sabiduría de Dios!” Hay cosas que Pablo puede explicar. Hay otras que simplemente admira y adora. Y quizás esa también es una parte de la fe: No necesitamos comprender absolutamente todo acerca de Dios para confiar en Él.
Hay momentos en los que nuestra mejor respuesta no es tener todas las respuestas. Es decir: “Señor, no entiendo completamente Tus caminos, pero sé quién eres.”
Nunca te olvides de la raíz: todo lo que somos y tenemos en Cristo comenzó con la gracia de Dios, no con nuestros méritos.
Punto de Acción
Hoy Romanos 11 nos invita a revisar nuestro corazón. ¿Hay orgullo espiritual en nosotros ¿Miramos a otros como si fuéramos mejores? ¿Hemos olvidado que todo lo que tenemos en Cristo lo recibimos por gracia? ¿Estamos más impresionados con nuestro crecimiento espiritual que con la misericordia de Dios?
Volvamos a la raíz.
- Cristo es nuestra esperanza.
- La gracia es nuestro fundamento.
- La humildad debe ser nuestra respuesta.
Y cuando no entendamos completamente lo que Dios está haciendo, podemos terminar como Pablo: adorando en lugar de intentando controlar a Dios.
El Señor te bendiga.