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“Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo. Y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva.”

Romanos 6:4, (NTV)

Ahora vive la nueva vida

Pablo comienza Romanos 6 con una pregunta provocadora: “¿Debemos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia?” (Romanos 6:1). Y responde inmediatamente: “¡Claro que no!” (v.2).

La gracia no es permiso para continuar viviendo dominados por el pecado. La gracia nos introduce en una nueva vida. Por eso Pablo conecta nuestra vida con la muerte y resurrección de Jesús. “Ya que hemos sido unidos a él en su muerte, también seremos resucitados como él.” (v.5).

Aquí hay algo muy profundo. El Evangelio no consiste solamente en que Cristo murió por nosotros. También significa que ahora estamos unidos a Cristo. Su muerte marca el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros, y Su resurrección abre el comienzo de una nueva manera de vivir. Pablo dice: “Sabemos que nuestro antiguo ser pecaminoso fue crucificado con Cristo para que el pecado perdiera su poder en nuestra vida.”
(v.6). Esto no significa que un creyente nunca más tendrá luchas o tentaciones. Significa algo diferente: El pecado puede seguir intentando influenciarnos, pero ya no tiene derecho a gobernarnos. Por eso Pablo dice: “Considérense muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.”
(v.11) En Cristo, el pecado puede seguir siendo una batalla, pero ya no tiene que seguir siendo nuestro amo.

Y entonces Pablo pasa de nuestra identidad a nuestras decisiones: “No permitan que el pecado controle la manera en que viven…”(v.12). Y agrega: “Entréguense completamente a Dios…”(v.13). Esto es precioso porque muestra que la vida cristiana no consiste solamente en decirle NO al pecado.

También consiste en decirle SÍ a Dios. Mis pensamientos. Mis palabras. Mis ojos. Mis manos. Mis decisiones. Mis relaciones. Mi tiempo. “Señor, todo esto ahora te pertenece a Ti.”

¿Quién está gobernando tu vida?

En la segunda parte del capítulo Pablo utiliza la imagen de un esclavo. “Ustedes se convierten en esclavos de cualquier cosa que decidan obedecer.” (Romanos 6:16).

Aquí aparece una verdad muy práctica: Aquello que constantemente obedecemos termina ejerciendo dominio sobre nosotros. Por eso la libertad que Cristo nos entrega no significa simplemente: “Ahora puedo hacer lo que quiera.”

Significa: “Ahora soy libre para vivir para Dios.” “Ahora son libres de la esclavitud del pecado y se han hecho esclavos de la vida recta.” (v.18).

Antes entregábamos partes de nuestra vida al pecado; ahora Pablo dice que las pongamos al servicio de Dios, y el resultado será una vida santa (v.19). Y el capítulo termina mostrando los dos caminos: “Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.”(Romanos 6:23).

Observemos el contraste:

  • El pecado paga un salario: muerte.
  • Dios entrega un regalo: vida eterna.

No conseguimos esa vida porque logramos vencer perfectamente nuestras luchas. Sigue siendo un regalo de Dios por medio de Jesucristo.



Romanos 6 nos invita hoy a preguntarnos: ¿Hay algo que Cristo ya me dio libertad para dejar, pero que sigo permitiendo que gobierne mi vida? Puede ser una actitud. Un hábito. Una manera de hablar. Un pensamiento recurrente. Una relación dañina. Una conducta escondida. No luchamos para conseguir que Dios nos ame. Luchamos desde una vida que ya fue alcanzada por Su gracia.

Por eso hoy podemos presentarnos nuevamente delante de Dios y decir: “Señor, esta área de mi vida también te pertenece. No quiero entregarla nuevamente al pecado; quiero ponerla en Tus manos.” La gracia no solamente nos dice: “Tu pasado ha sido perdonado.” También nos dice: “Ahora puedes caminar en una vida nueva.”

El Señor te bendiga.