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“Por lo tanto, ya que fuimos hechos justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros. Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios.”

Romanos 5:1-2, (NTV)

Tenemos paz con Dios

Romanos 5 comienza con dos palabras fundamentales: “Por lo tanto…” Pablo está diciendo: después de todo lo que acabamos de aprender acerca de la gracia y la justificación por fe, esto es lo que ahora tenemos en Cristo: “Tenemos paz con Dios…” (Romanos 5:1).

No habla simplemente de sentir tranquilidad. Habla de algo mucho más profundo: nuestra relación con Dios ha sido reconciliada por medio de Jesucristo. Ya no vivimos intentando conseguir Su aceptación. Cristo abrió el camino: “Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos…”(v.2).

Ahora permanecemos en la gracia. No visitamos ocasionalmente la gracia cuando fallamos. Vivimos sostenidos por ella. Pero entonces Pablo dice algo sorprendente: “También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades…”(v.3).

¿Por qué podríamos alegrarnos en medio de dificultades?

No porque el sufrimiento sea agradable, sino porque Dios puede producir algo en nosotros mientras lo atravesamos: Dificultad → resistencia → fortaleza de carácter → esperanza (Romanos 5:3-4).

Dios puede utilizar incluso temporadas difíciles para formar algo que los tiempos cómodos nunca habrían producido. Y esa esperanza: “No acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor.” (v.5).

Pero entonces Pablo nos muestra la mayor evidencia de ese amor. “Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.”(v.6)

Observa cuándo Cristo vino por nosotros. No cuando finalmente conseguimos mejorar. No cuando logramos ordenar nuestra vida. No cuando demostramos que merecíamos una oportunidad. “Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.”(Romanos 5:8).

La cruz no demuestra cuánto nosotros amábamos a Dios; demuestra cuánto Dios nos amó cuando todavía estábamos lejos de Él. Y Pablo continúa: Si Dios hizo todo esto cuando éramos enemigos, ¡cuánto más podemos confiar en Él ahora que hemos sido reconciliados! (vv.9-11). De Adán a Cristo En la segunda parte del capítulo, Pablo amplía todavía más la mirada. Por medio de Adán, el pecado entró en el mundo y con el pecado vino la muerte (v.12).

Pero Cristo vino como la respuesta de Dios. Pablo establece un gran contraste: Por uno vino pecado y muerte. Por Uno vino gracia y vida. “Pero hay una gran diferencia entre el pecado de Adán y el regalo del favor inmerecido de Dios.”(Romanos 5:15)

Y más adelante: “Así como una sola persona desobedeció a Dios y muchos se volvieron pecadores, también una sola persona obedeció a Dios y muchos serán declarados justos.” (v.19)

Nuestra historia natural está marcada por Adán y el pecado. Pero en Cristo comienza una nueva historia. Y Pablo termina con una declaración preciosa: “Así como el pecado reinó sobre todos y los llevó a la muerte, ahora reina en cambio la gracia maravillosa de Dios …”(v.21). El pecado no tiene la última palabra. La gracia reina.



Quizás hoy necesitas recordar algo muy sencillo: Dios no te ama porque hoy hiciste todo bien. La mayor demostración de Su amor ocurrió cuando todavía éramos pecadores: Cristo murió por nosotros. Por eso, cuando atravieses una dificultad, no interpretes inmediatamente el problema como evidencia de que Dios te abandonó.

Puedes tener dificultades y al mismo tiempo tener paz con Dios. Puedes atravesar una prueba y continuar permaneciendo en Su gracia. Puedes no comprender lo que está ocurriendo y aun así saber: “Dios me ama.”

La cruz ya lo demostró.

El Señor te bendiga.