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“Abraham siempre creyó la promesa de Dios sin vacilar. De hecho, su fe se fortaleció aún más y así le dio gloria a Dios. Abraham estaba plenamente convencido de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que promete.”

Romanos 4:20-21, (NTV)

Creer cuando todavía no lo vemos

Pablo comienza el capítulo haciendo una pregunta:

¿Por qué Abraham fue aceptado por Dios?

Si hubiera sido por sus buenas obras, Abraham tendría algo de qué presumir. Pero la Escritura dice: “Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe.” (Romanos 4:3).

Pablo quiere dejar algo completamente claro. La salvación no es un salario que Dios nos debe por nuestro buen comportamiento. “Cuando la gente trabaja, el salario que recibe no es un regalo, sino algo que se ha ganado.” (v.4).

Pero nuestra relación con Dios funciona de otra manera:“La gente es declarada justa por su fe, no por sus logros.” (v.5)

Hay algo importante que Pablo quiere dejar claro: Abraham fue declarado justo antes de ser circuncidado (Romanos 4:9-11), y la promesa tampoco llegó por medio de la Ley, sino por la fe (vv.13-16). La circuncisión fue una señal de algo que Dios ya había hecho, no la causa de su aceptación. Pablo está demostrando que nuestra relación con Dios no comienza por cumplir requisitos externos o acumular méritos, sino por creer y recibir Su gracia. Por eso la promesa está disponible para todos los que creen.

¡Eso es gracia! No llegamos delante de Dios presentándole nuestro currículum espiritual. Llegamos confiando en Él.

Pero entonces Pablo utiliza la historia de Abraham para llevarnos todavía más profundo. Dios le había prometido que sería: “Padre de muchas naciones.” (Romanos 4:17).

El problema era que las circunstancias hacían que esa promesa pareciera imposible. Abraham tenía cerca de cien años y Sara tampoco podía tener hijos (v.19).

La promesa decía una cosa. Las circunstancias parecían decir otra. Y aquí aparece la fe. “Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído…”(Romanos 4:18)

Esto no significa que Abraham negara la realidad. El versículo siguiente dice que él comprendía perfectamente la condición de su cuerpo y la de Sara (v.19). La fe bíblica no consiste en cerrar los ojos frente a la realidad. Consiste en mirar la realidad sin dejar de mirar a Dios. Abraham sabía: “Humanamente esto parece imposible.” Pero también sabía algo más importante: “Dios hizo una promesa.” Por eso: “Su fe se fortaleció aún más y así le dio gloria a Dios.”(v.20).

¿Dónde estaba el secreto?

“Estaba plenamente convencido de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que promete.” (v.21)

La fe de Abraham no estaba puesta en su propia capacidad. Estaba puesta en la capacidad de Dios. La fe no dice que las circunstancias no existen; dice que las circunstancias no tienen la última palabra cuando Dios ha hablado.

Pero Pablo termina haciendo algo importantísimo. Esta historia no fue escrita solamente para Abraham: “Y cuando Dios lo consideró justo, no fue solo para beneficio de Abraham. Quedó escrito también para nuestro beneficio…” (vv.23-24)

¿En qué debemos creer nosotros?

En Dios: “Quien levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor.”
(v.24) Y nuevamente regresamos al Evangelio:

“Él fue entregado a la muerte por causa de nuestros pecados y resucitado para hacernos justos a los ojos de Dios.” (v.25)

Nuestra mayor evidencia de que podemos confiar en Dios es Jesucristo resucitado. La fe no ignora lo que nuestros ojos están viendo; simplemente confía más en quién es Dios y en lo que Él ha dicho.



Quizás hoy tienes delante una situación donde lo que ves no coincide con aquello que esperabas. Una oración que todavía no tiene respuesta. Una puerta que no se abre. Una situación familiar. Un proyecto. Un proceso difícil.

Romanos 4 no nos invita a inventarnos promesas que Dios nunca hizo. Nos invita a confiar profundamente en aquello que Dios sí ha dicho. Abraham estaba convencido de dos cosas:

  • Dios había hablado.
  • Dios tenía poder para cumplir Su palabra.

Nosotros también podemos descansar en las promesas que Dios realmente nos ha dado en Su Palabra.

  • Aunque todavía no veas cómo.
  • Aunque todavía no entiendas cuándo.
  • Aunque humanamente parezca difícil.

Sigue confiando en el carácter de Dios. Porque nuestra fe no descansa en lo que nosotros podemos lograr. Descansa en quién es Él.

El Señor te bendiga.