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“Quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.”

Hebreos 12:1-2, (NTV)

Corre mirando a Jesús

Hebreos 12 comienza conectándonos directamente con el capítulo anterior: “Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos…” (Hebreos 12:1). Abel, Noé, Abraham, Sara, Moisés y tantos otros demostraron que es posible confiar en Dios y permanecer fieles aun cuando no vemos todo lo prometido. Pero ahora nos toca a nosotros. Y el autor utiliza la imagen de una carrera.

Cada uno tiene: “la carrera que Dios nos ha puesto por delante.” No tenemos que correr la carrera de otra persona. Hay una carrera que Dios ha puesto delante de nosotros. Pero para correrla bien, Hebreos dice que debemos: “Quitarnos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar.”

Observa que menciona dos cosas: peso y pecado. El pecado claramente debemos dejarlo. Pero también existen pesos. Cosas que quizás no son pecado en sí mismas, pero están dificultando nuestro avance. Una distracción. Una relación. Una preocupación que domina nuestra mente. Una costumbre. Algo que consume demasiado tiempo. Una herida que seguimos cargando.

La pregunta no es solamente: “¿Esto es pecado?” También podríamos preguntarnos: “¿Esto me está ayudando a correr la carrera que Dios puso delante de mí?” Pero después viene la clave. ¿Cómo podemos perseverar? “Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús…”(Hebreos 12:2).

No dice: “Mira constantemente tus problemas.” Tampoco: “Mira cómo están corriendo los demás.” Dice: “Mira a Jesús.” Porque cuando solamente miramos las circunstancias, podemos desanimarnos. Cuando miramos a otros, podemos compararnos. Cuando solamente nos miramos a nosotros mismos, podemos sentirnos insuficientes. Pero cuando miramos a Jesús recordamos por qué seguimos corriendo.

Él también atravesó sufrimiento. “Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz…” (v.2)

Y el versículo siguiente dice: “Piensen en toda la hostilidad que soportó… así no se cansarán ni se darán por vencidos.” (v.3)

Aquí aparece la idea central: No te rindas. Quizás estás cansado. Quizás llevas mucho tiempo luchando. Quizás el camino ha sido más difícil de lo que imaginabas. Hebreos no dice que ignores el cansancio. Dice: “Vuelve a mirar a Jesús.”

Cuando sientas que ya no puedes seguir corriendo, no mires solamente cuánto camino falta; vuelve tus ojos a Jesús.

Más adelante el capítulo habla incluso de la disciplina de Dios (vv.5-11). No todo momento difícil significa que Dios nos abandonó. Como Padre, Él también nos forma y corrige para producir: “una cosecha de justicia y paz” (v.11).

Por eso termina animándonos: “Renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus rodillas debilitadas.”(v.12)

Para terminar bien la carrera no necesitas mirar constantemente cuánto falta; necesitas mantener tus ojos puestos en Jesús.



Hoy podríamos hacernos dos preguntas muy sencillas: ¿Qué necesito soltar? y ¿Dónde estoy poniendo mis ojos?

Quizás hay un peso que llevas demasiado tiempo cargando. Suéltalo. Quizás existe un pecado que constantemente te hace tropezar. Entrégalo y apártate de él. Y después: mira nuevamente a Jesús.

  • No necesitas correr hoy toda la carrera.
  • Necesitas ser fiel en el tramo que tienes delante.

Levanta las manos cansadas. Fortalece las rodillas debilitadas. Y sigue corriendo.

Dios te bendiga.