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“Con su propia sangre —no con la sangre de cabras ni de becerros— entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna.”

Hebreos 9:12, (NTV)

Una vez y para siempre

Hebreos 9 comienza recordándonos cómo funcionaba el antiguo sistema de adoración. Existía un tabernáculo, sacerdotes, sacrificios y un lugar llamado Lugar Santísimo (Hebreos 9:1-5).

Los sacerdotes entraban regularmente en la primera parte del tabernáculo, pero al Lugar Santísimo solamente podía entrar el sumo sacerdote una vez al año, llevando sangre por sus propios pecados y por los del pueblo (vv.6-7).

Todo aquello estaba mostrando una realidad: el pecado había creado una separación que el ser humano no podía resolver por sí mismo. Los sacrificios se repetían porque no podían limpiar completamente la conciencia de quienes adoraban (vv.9-10). Pero entonces aparecen dos palabras que cambian el capítulo:“Entonces Cristo…”(Hebreos 9:11).

Lo que nosotros no podíamos hacer, Cristo lo hizo. Jesús entró en un santuario superior y: “Con su propia sangre… entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre.”(v.12).

No llevó otro sacrificio. Él mismo fue el sacrificio. Y no tuvo que repetirlo año tras año. Una sola vez. Porque Su sacrificio fue suficiente. Pero Hebreos va todavía más profundo: “Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas para que adoremos al Dios viviente.”
(Hebreos 9:14) Esto es precioso. Jesús no solamente vino a cambiar nuestra condición delante de Dios.

También limpia nuestra conciencia. Hay personas que saben intelectualmente que Dios las perdonó, pero continúan viviendo interiormente condenadas por aquello que hicieron. Recuerdan el pasado. Reviven el fracaso. Se acusan una y otra vez. Pero si Cristo pagó completamente nuestra deuda, no necesitamos continuar intentando pagar emocionalmente aquello que Jesús ya pagó en la cruz. La culpa nos hace mirar constantemente lo que hicimos; la gracia nos invita a mirar lo que Cristo hizo por nosotros.

Más adelante Hebreos declara: “Cristo murió para librarlos del castigo por los pecados que habían cometido…”(v.15) Y finalmente dice: “Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre, a fin de quitar los pecados de muchas personas.” (Hebreos 9:28)

Observa cómo termina el capítulo. Primero Jesús apareció para quitar nuestro pecado mediante Su sacrificio (v.26). Ahora está delante de Dios a favor nuestro (v.24). Y aparecerá nuevamente para traer salvación a quienes esperan con anhelo Su regreso (v.28).

  • Cristo vino.
  • Cristo intercede.
  • Cristo volverá.

Nuestra esperanza está completamente puesta en Él. No sigas intentando pagar con culpa aquello que Jesús ya pagó completamente con Su sangre.



Quizás hoy necesitas dejar de cargar una culpa que ya llevaste muchas veces delante del Señor. Si has venido a Cristo con arrepentimiento y fe, no necesitas vivir intentando completar como si Jesús dejará algo incompleto. Él no dejó nada incompleto. Su sacrificio fue suficiente. Por eso, cuando tu pasado vuelva a acusarte, no respondas mirando nuevamente tu fracaso.

Mira la cruz. Y recuerda:

  • Jesús pagó.
  • Jesús limpió.
  • Jesús abrió el camino.
  • Jesús intercede.
  • Jesús volverá.

Ahora podemos servir y adorar al Dios vivo desde una conciencia limpiada por Cristo, no intentando conseguir un perdón que Él ya compró.

El Señor te bendiga.