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Devocional
“Por lo tanto, los que hemos acudido a él en busca de refugio podemos estar bien confiados aferrándonos a la esperanza que está delante de nosotros. Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma.”
Hebreos 6:18-19, (NTV)
Tesoro Bíblico
Un ancla para el alma
Hebreos 6 comienza conectado directamente con el capítulo anterior. Ayer vimos que Dios no quiere que permanezcamos siempre como niños espirituales. Por eso ahora dice: “Así que dejemos de repasar una y otra vez las enseñanzas elementales acerca de Cristo. Sigamos adelante y lleguemos a ser maduros…”(Hebreos 6:1).
La vida cristiana está diseñada para avanzar.
No significa abandonar las verdades fundamentales, sino construir nuestra vida sobre ellas y seguir creciendo. Entonces aparece una de las advertencias más fuertes de Hebreos (vv.4-8). El autor advierte del peligro de conocer, experimentar y recibir mucho de Dios, pero terminar endureciendo deliberadamente el corazón y apartándose.
La intención del texto no es atormentar al creyente sensible que teme haberle fallado a Dios. Es una seria advertencia contra rechazar persistentemente a Cristo después de haber conocido la verdad. Pero inmediatamente cambia el tono: “Queridos amigos, aunque hablamos de esta manera, en realidad no creemos que esto se aplique a ustedes. Estamos seguros de que están destinados a cosas mejores…” (Hebreos 6:9). ¡Qué importante! El escritor no quiere producir desesperanza. Quiere despertar perseverancia. Y agrega: “Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor…” (v.10).
Tal vez otros no recuerden todo lo que has hecho. Quizás nadie vio algunas lágrimas, servicios, sacrificios u oraciones. Pero Dios no olvida. Por eso les anima: “Entonces no se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente. En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios.” (v.12)
Aquí encontramos dos palabras fundamentales: Fe + perseverancia. Porque entre la promesa de Dios y el cumplimiento, muchas veces existe un tiempo de espera. Abraham recibió una promesa de Dios, pero tuvo que esperar (vv.13-15). Y mientras esperamos podemos preguntarnos: “¿Sucederá?” “¿Dios se habrá olvidado?” “¿Podré seguir adelante?”
Entonces Hebreos dirige nuestra mirada, no hacia nuestras emociones, sino hacia el carácter de Dios. “Es imposible que Dios mienta.” (v.18).
Nuestra esperanza es firme porque Aquel que hizo la promesa es fiel. Y entonces aparece esta extraordinaria imagen: “Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma.”
(v.19).
Un ancla no evita que haya viento. No impide que lleguen olas. No significa que el barco nunca se moverá. El ancla evita que el barco sea arrastrado. Así funciona nuestra esperanza en Cristo.
Puede haber días donde nuestras emociones se muevan. Las circunstancias pueden cambiar. Puede aparecer una noticia inesperada. Podemos cansarnos esperando. Pero hay algo que permanece: Dios es fiel. Nuestra esperanza no está anclada en que todo salga como queremos; está anclada en un Dios que no puede mentir y que permanece fiel. El ancla no detiene la tormenta, pero evita que seas arrastrado por ella. Nuestra esperanza está anclada en la fidelidad de Dios.
Punto de Acción
Quizás estás esperando algo hace tiempo. Una respuesta. Una puerta. Una restauración. Una provisión. Una promesa. Y mientras esperas, tu alma comienza a cansarse.
Hebreos hoy nos dice: No sueltes el ancla. Sigue creyendo. Sigue caminando. Sigue sirviendo. Sigue haciendo el bien. No porque puedas ver cómo terminará todo, sino porque conoces a Aquel en quien has puesto tu esperanza.
La fe cree la promesa. La perseverancia continúa caminando mientras espera su cumplimiento.
El Señor te bendiga.