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“Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.”

Hebreos 4:15-16, (NTV)

Hay un lugar de descanso

Hebreos 4 comienza con una promesa: “Todavía sigue vigente la promesa de Dios de entrar en su descanso.” (Hebreos 4:1)

Israel había recibido una promesa, pero muchos no pudieron disfrutarla porque escucharon la Palabra sin responder con fe (v.2). Esto nos enseña algo importante: Podemos escuchar mucho acerca de Dios y aun así vivir cargando solos aquello que deberíamos haber aprendido a confiarle. Por eso el autor insiste: “Pues solo los que creemos podemos entrar en su descanso.” (Hebreos 4:3)

El descanso de Dios no significa una vida sin problemas ni responsabilidades. Es aprender a vivir confiando en que Dios sigue siendo Dios aun cuando nosotros no podemos controlar lo que está ocurriendo.

Hay cargas que debemos llevar responsablemente, pero hay otras que nunca fuimos diseñados para cargar solos. Preocupaciones. Miedos. Culpa. El futuro. Situaciones que simplemente están fuera de nuestro control. Entonces aparece una expresión preciosa: “Así que todavía hay un descanso especial en espera para el pueblo de Dios.” (Hebreos 4:9).

Dios no quiere que vivamos permanentemente agotados interiormente intentando sostenerlo todo. Pero ¿cómo llegamos a ese descanso? El capítulo primero nos lleva a la Palabra: “Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos. ” (Hebreos 4:12).

La Palabra entra en lugares donde nadie más puede entrar. Nos muestra qué está ocurriendo realmente dentro de nosotros. A veces pensamos que nuestro problema solamente está afuera, pero Dios utiliza Su Palabra para mostrarnos qué está sucediendo en nuestro corazón. Y después de mostrarnos nuestro interior, Hebreos no nos deja allí. Nos lleva directamente a Jesús. “Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos.” (v.14).

Y aquí viene algo maravilloso: Jesús no es indiferente a nuestra debilidad. “Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades…” (v.15). Él conoce la tentación. El rechazo. El dolor. El cansancio. La presión. Jesús sabe lo que significa atravesar momentos difíciles. Por eso la respuesta de Dios a nuestra debilidad no es: “Arréglatelas solo.” Es una invitación: “Acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia…” (v.16). ¡Qué contraste! Llegamos débiles y encontramos misericordia. Llegamos necesitados y encontramos gracia. Llegamos sin saber qué hacer y encontramos ayuda en el momento que más la necesitamos.

El lugar donde reconocemos nuestra debilidad puede convertirse en el lugar donde descubrimos la suficiencia de Su gracia.

Cuando tus fuerzas ya no sean suficientes, no te alejes de Dios: acércate al trono de la gracia y encuentra en Jesús el descanso y la ayuda que necesitas.



Quizás hoy estás cansado. No necesariamente físicamente. Tal vez estás cansado por dentro. Llevas días pensando en una situación. Intentando resolver algo. Preocupándote por alguien. Tratando de controlar un resultado. Hebreos hoy no te dice simplemente: “Esfuérzate más.” Te dice: “Acércate.”

  • Acércate a Jesús.
  • Abre Su Palabra.
  • Entrégale aquello que no puedes controlar.

Y entra en Su descanso. No necesitas esconder tu debilidad delante de Dios. Él ya la conoce. Hoy podemos llegar con confianza y decir: “Señor, necesito Tu misericordia. Necesito Tu gracia. Necesito Tu ayuda.” Y Su promesa es que allí encontraremos gracia para el momento en que más la necesitamos.

El Señor te bendiga.