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“Debido a que él mismo ha pasado por sufrimientos y pruebas, puede ayudarnos cuando pasamos por pruebas.”

Hebreos 2:18, (NTV)

Jesús comprende lo que estás viviendo

Hebreos comienza con una advertencia: “Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas.”(Hebreos 2:1)

Es interesante la expresión: “nos desviemos”. Muchas veces no nos alejamos de Dios mediante una gran decisión tomada de un día para otro. Podemos comenzar simplemente descuidando. Dejamos de escuchar. Dejamos de buscar. Dejamos de orar. Nos acostumbramos. Y lentamente nuestro corazón comienza a desplazarse.

Por eso el autor pregunta: “¿Qué nos hace pensar que podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande?” (v.3).

Pero después de esta advertencia, el capítulo vuelve nuestros ojos hacia Jesús. El capítulo 1 nos mostró a Cristo en Su gloria. Ahora el capítulo 2 nos muestra algo extraordinario:

El Hijo de Dios decidió acercarse completamente a nuestra condición humana. “Lo que sí vemos es a Jesús…” (Hebreos 2:9). ¡Qué frase! En medio de muchas cosas que quizá todavía no comprendemos, vemos a Jesús. Y lo vemos entrando en nuestro sufrimiento. “Por la gracia de Dios, Jesús sufrió la muerte por todos.”(v.9).

Jesús no observó nuestro dolor desde lejos. Entró en nuestra humanidad. Experimentó cansancio. Rechazo. Dolor. Tentación. Traición. Sufrimiento. Y finalmente, la muerte. Hebreos explica: “Debido a que los hijos de Dios son seres humanos —hechos de carne y sangre— el Hijo también se hizo de carne y sangre.” (Hebreos 2:14)

¿Para qué? Para destruir mediante Su muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte y: “Liberar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte.” (vv.14-15).

Jesús entró en aquello que nosotros temíamos para liberarnos desde adentro. Pero todavía hay algo profundamente cercano en este capítulo. Jesús no solamente vino para salvarnos. También vino para ayudarnos. “Era necesario que en todo sentido él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos…” (v.17)

Por eso termina diciendo: “Debido a que él mismo ha pasado por sufrimientos y pruebas, puede ayudarnos cuando pasamos por pruebas.” (v.18).

Esto cambia nuestra manera de acercarnos a Dios. Cuando estamos sufriendo, no hablamos con alguien que desconoce el dolor. Cuando somos tentados, no acudimos a alguien que no comprende la lucha. Cuando somos rechazados, traicionados o estamos cansados, Jesús comprende. Él estuvo allí. Y ahora puede ayudarnos.

Jesús no observa tu lucha desde lejos: Él conoce el sufrimiento, comprende tu debilidad y puede ayudarte en medio de ella.



Quizás hoy estás enfrentando algo que pocas personas comprenden completamente.

  • Una lucha interior.
  • Una tentación.
  • Una pérdida.
  • Una preocupación.
  • Un cansancio que cuesta explicar.

Y podrías pensar: “Nadie entiende realmente lo que estoy viviendo.” Hebreos 2 nos invita a mirar nuevamente: “Lo que sí vemos es a Jesús.” No te alejes de Él precisamente cuando más lo necesitas. Acércate. Cuéntale tu lucha. Pídele ayuda.

Jesús no solamente tiene poder para ayudarte. También tiene compasión porque comprende tu debilidad. Y si últimamente comenzaste lentamente a desviarte, hoy puede ser un hermoso día para volver. No descuides una salvación tan grande. Vuelve tus ojos hacia Jesús.

El Señor te bendiga.