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“El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.”

Hebreos 1:3, (NTV)

Dios nos habló por medio de Su Hijo

Hebreos comienza con una declaración extraordinaria: “Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas.” (Hebreos 1:1)

Dios siempre ha querido darse a conocer. Habló por medio de los profetas, de promesas, de acontecimientos y de las Escrituras. Pero entonces ocurrió algo incomparable. “Y ahora… nos ha hablado por medio de su Hijo.” (Hebreos 1:2)

Dios no solamente envió otro mensaje. Envió a Su Hijo. Jesús no vino únicamente a enseñarnos cosas acerca de Dios. En Jesús podemos conocer cómo es Dios. Por eso Hebreos declara: “El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios.” (Hebreos 1:3)

¿Quieres conocer el corazón de Dios? Mira a Jesús. Mira cómo amó. Cómo recibió al quebrantado. Cómo confrontó el pecado. Cómo tuvo misericordia. Cómo perdonó. Cómo obedeció al Padre. Jesús nos revela perfectamente el carácter de Dios. Pero el autor continúa y nos muestra algo todavía mayor. Este mismo Jesús: “Sostiene todo con el gran poder de su palabra.” (v.3)

¡Qué tremenda seguridad!

El mismo Cristo que sostiene el universo puede sostener nuestra vida. Tal vez hoy hay cosas que nosotros no podemos sostener. Nuestra familia. Una situación económica. Una preocupación. Una decisión. Nuestro futuro. Pero nuestra esperanza no está en nuestra capacidad de controlarlo todo.

Está en Aquel que sostiene todas las cosas con Su palabra. Y entonces aparece el corazón del evangelio: “Nos limpió de nuestros pecados y se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.” (v.3)

El Creador vino por nosotros. El que sostiene todas las cosas cargó con nuestro pecado. Nos limpió. Y ahora está sentado a la derecha del Padre. Hebreos continúa demostrando que Jesús es superior incluso a los ángeles (vv.4-14).

De Él el Padre declara: “Tu trono, oh Dios, permanece por siempre y para siempre.” (Hebreos 1:8) Y acerca de la creación dice: “Ellos dejarán de existir, pero tú permaneces para siempre.” (Hebreos 1:11) Todo lo que vemos cambia. Las circunstancias cambian. Las personas cambian. Las temporadas cambian. Nuestro cuerpo cambia. El mundo cambia. Pero Jesús permanece.

Cuando todo a nuestro alrededor cambia, podemos afirmar nuestra vida en Cristo, porque Él permanece para siempre.

Cuando ya no puedas sostenerlo todo, descansa en Aquel que sostiene todas las cosas con el poder de Su palabra.



Quizás hoy necesitamos dejar de mirar tanto lo que está cambiando y volver nuestros ojos hacia Aquel que nunca cambia. Hebreos comienza invitándonos a contemplar a Jesús.

  • Él revela al Padre.
  • Él creó todas las cosas.
  • Él sostiene todas las cosas.
  • Él nos limpió del pecado.
  • Él reina.
  • Él permanece para siempre.

Por eso, frente a aquello que hoy te preocupa, recuerda: Jesús sigue siendo suficiente. Y si necesitas dirección, vuelve a escuchar al Hijo. Si necesitas conocer el corazón de Dios, mira a Jesús. Si sientes que ya no puedes sostener algo, recuerda: No eres tú quien sostiene todas las cosas; es Cristo.

El Señor te bendiga.