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Devocional
“Parece que perdiste a Onésimo por un corto tiempo para que ahora pudieras tenerlo de regreso para siempre. Él ya no es como un esclavo para ti. Es más que un esclavo, es un hermano amado, especialmente para mí. Ahora será de más valor para ti, como persona y como hermano en el Señor.”
Filemón 1:15-16, (NTV)
Tesoro Bíblico
Ya no lo mires como antes
Filemón es una carta pequeña, pero nos permite observar algo extraordinario: ¿Qué ocurre cuando el evangelio entra en medio de una relación quebrada? Onésimo había sido esclavo de Filemón y, aparentemente, había causado algún perjuicio antes de alejarse de él. Pero en algún momento se encontró con Pablo y algo ocurrió: Onésimo conoció a Cristo.
Pablo dice: “Llegué a ser su padre en la fe mientras estaba aquí en prisión.”(Filemón 10)
El hombre que regresaba no era simplemente el mismo hombre que se había ido. Cristo estaba transformando su vida. Incluso Pablo hace un hermoso juego con el significado de su nombre: “Onésimo no fue de mucha ayuda para ti en el pasado, pero ahora nos es muy útil a los dos.” (v.11). En griego, Onésimo significa algo parecido a “útil”. Pablo no está diciendo simplemente que Onésimo ahora trabaja mejor. Está mostrando que el encuentro con Cristo produjo un cambio real en su vida.
La gracia de Dios puede transformar nuestra historia. Nuestro pasado puede explicar muchas cosas de nosotros, pero no tiene que determinar quiénes seremos después de encontrarnos con Cristo. Entonces Pablo decide enviarlo nuevamente a Filemón. Pero le pide algo sorprendente: “Recíbelo como me recibirías a mí.” (v.17).
En otras palabras: No lo recibas solamente recordando lo que hizo. Míralo también considerando lo que Cristo está haciendo en él. Esto es muy importante porque algunas veces Dios cambia a una persona, pero nosotros continuamos relacionándonos con ella desde la versión antigua que guardamos en nuestra memoria. Seguimos recordando su error. Su fracaso. Lo que dijo. Lo que hizo. Pero Pablo le dice a Filemón: “Ya no es como antes.” Ahora es: “Un hermano amado.” (v.16)
El evangelio estaba cambiando la relación. Pero Pablo va todavía más lejos: “Si te ha perjudicado de alguna manera o te debe algo, cóbramelo a mí.”(v.18).
¡Qué imagen tan hermosa del evangelio! Onésimo tenía una deuda. Y Pablo dice: “Ponla a mi cuenta.” Esto inevitablemente nos recuerda lo que Jesús hizo por nosotros. Nosotros teníamos una deuda que no podíamos pagar. Pero Cristo tomó nuestro lugar. Isaías dice: “El Señor puso sobre él los pecados de todos nosotros.”(Isaías 53:6).
Jesús cargó con nuestra deuda para que nosotros pudiéramos ser reconciliados con Dios. Por eso quienes hemos recibido tanta gracia también debemos aprender a extender gracia. Cuando Cristo transforma a una persona, no podemos seguir condenándola únicamente por quien fue antes de encontrarse con Él.
No encierres a una persona en su pasado cuando Cristo todavía está escribiendo su historia.
Punto de Acción
Hoy podemos hacernos una pregunta muy personal: ¿Hay alguien a quien todavía estoy mirando solamente por su pasado? Quizás alguien falló. Te decepcionó. Tomó malas decisiones. O simplemente quedó atrapado en una versión de sí mismo que tú todavía recuerdas. Eso no significa ignorar el daño ni eliminar límites necesarios. Pero sí significa dejar espacio para algo poderoso: Dios puede transformar a las personas.
Y quizás también necesitamos preguntarnos: ¿Estoy permitiendo que otros cambien delante de mis ojos? No encerremos a alguien para siempre en su peor capítulo. Recordemos cómo nos miró Jesús. Nos recibió. Nos perdonó. Pagó nuestra deuda. Y comenzó a escribir una nueva historia con nosotros.
El Señor te bendiga.