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“Yo, Pablo, esclavo de Dios y apóstol de Jesucristo, escribo esta carta. Fui enviado para proclamar fe a los que Dios ha elegido y para enseñarles a conocer la verdad que les muestra cómo vivir una vida dedicada a Dios.”

Tito 1:1, (NTV)

Una fe que transforma nuestra manera de vivir

Pablo comienza su carta a Tito con una declaración que fácilmente podríamos pasar por alto: “Conocer la verdad que les muestra cómo vivir una vida dedicada a Dios.” (Tito 1:1) Aquí encontramos una conexión fundamental: La verdad de Dios debe transformar nuestra manera de vivir.

El propósito de conocer más de Dios no es solamente acumular información bíblica. Podemos conocer versículos, escuchar enseñanzas, participar en reuniones y saber explicar muchas doctrinas; pero la pregunta es: ¿Lo que estoy conociendo de Dios está cambiando mi vida?

Pablo había dejado a Tito en Creta con una misión: “Te dejé en la isla de Creta para que pudieras completar nuestro trabajo allí y nombrar ancianos en cada ciudad…” (Tito 1:5).

Había que ordenar y fortalecer las iglesias. Y cuando Pablo describe las características de quienes debían liderarlas, llama la atención que no comienza hablando de grandes talentos.

Habla principalmente de carácter.

  • Que sea fiel en su matrimonio (v.6).
  • Que no sea arrogante ni iracundo (v.7).
  • Que no sea violento ni deshonesto (v.7).
  • Que sea hospitalario, ame lo bueno, viva sabiamente y tenga dominio propio (v.8).

Y finalmente: “Debe tener una fuerte creencia en el mensaje fiel que se le enseñó…” (v.9).

Pablo está mostrando algo poderoso: Nuestra doctrina y nuestro carácter no deberían caminar separados. Lo que creemos acerca de Cristo debe comenzar a verse en cómo hablamos, cómo reaccionamos, cómo tratamos a nuestra familia, cómo manejamos nuestros deseos y cómo nos relacionamos con los demás. Porque también existía el peligro contrario. Pablo habla de personas que: “Afirman que conocen a Dios, pero lo niegan con su manera de vivir.” (Tito 1:16).

Esta probablemente sea una de las declaraciones más confrontadoras del capítulo. Decían conocer a Dios, pero su manera de vivir decía otra cosa. Podemos confesar a Cristo con nuestra boca y, al mismo tiempo, contradecir nuestro mensaje con nuestras decisiones.

Por eso el evangelio no busca solamente cambiar lo que pensamos acerca de Dios. Busca transformar quiénes somos delante de Dios. Jesús mismo enseñó: “Un buen árbol produce frutos buenos, y un árbol malo produce frutos malos.” (Mateo 7:17).

El fruto revela lo que está ocurriendo en el árbol. De la misma manera, nuestra vida comienza a revelar lo que Dios está haciendo dentro de nosotros. La verdad que realmente recibimos en el corazón comienza a hacerse visible en nuestro carácter.

La verdad de Dios no solamente quiere llenar nuestra mente; quiere transformar nuestro carácter y hacerse visible en nuestra manera de vivir.



Hoy podemos hacernos una pregunta sencilla pero profunda: ¿Mi manera de vivir confirma lo que digo creer?

No se trata de perfección. Todos estamos siendo transformados. Pero sí debería existir un proceso. Si estoy conociendo más a Cristo, debería estar aprendiendo a amar más. A perdonar más. A controlar mejor mis reacciones. A hablar con mayor gracia. A vivir con mayor integridad. A abandonar aquello que no agrada a Dios.

No busquemos solamente saber más de la Biblia. Pidamos: “Señor, permite que Tu verdad transforme mi carácter.” Que las personas no solamente escuchen que conocemos a Jesús.

Que puedan comenzar a reconocer algo de Jesús en nuestra manera de vivir.

El Señor te bendiga.