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“Y el pueblo bendijo a todos los que se ofrecieron voluntariamente para establecerse en Jerusalén.”

Nehemías 11:2, (NTV)

Dispuestos a ocupar nuestro lugar

Los muros estaban reconstruidos, las puertas estaban colocadas y espiritualmente el pueblo había comenzado a volver a Dios. Pero existía un problema. Jerusalén estaba protegida, pero necesitaba personas que vivieran dentro de ella.

Ya Nehemías había observado: “La ciudad era grande y espaciosa, pero la población era pequeña.” (Nehemías 7:4). Ahora había llegado el momento de ocupar la ciudad.

Los dirigentes se establecieron en Jerusalén y se decidió que una de cada diez familias también fuera a vivir allí (Nehemías 11:1).

Pero inmediatamente aparece un grupo especial: “El pueblo bendijo a todos los que se ofrecieron voluntariamente para establecerse en Jerusalén.” (Nehemías 11:2).

¿Por qué destacar a los voluntarios?

Porque mudarse a Jerusalén significaba dejar su comodidad, reorganizar su familia, sus propiedades, su trabajo y comenzar nuevamente en una ciudad que todavía estaba siendo restaurada. Habían personas que no solamente preguntaron:

“¿Qué necesito yo?” Sino: “¿Dónde soy necesario?” Y estuvieron dispuestos a ocupar ese lugar.

El resto del capítulo comienza a mencionar nombres, familias, sacerdotes, levitas, porteros, servidores y diferentes responsabilidades (Nehemías 11:3-24).

Nuevamente encontramos muchas personas que quizás nunca serían famosas, pero cada una estaba ocupando su lugar dentro del propósito de Dios. Esto nos recuerda algo importante:

Una obra no se sostiene solamente con grandes líderes; se sostiene con personas dispuestas.

Personas que sirven.
Personas que oran.
Personas que trabajan.
Personas que cuidan.
Personas que simplemente dicen:

“Aquí estoy. Puedo ayudar.”

Dios puede hacer grandes cosas a través de personas comunes que están dispuestas a ocupar el lugar donde son necesarias.

Hoy podemos hacernos una pregunta diferente: En lugar de preguntar solamente: “¿Dónde me siento más cómodo?” Preguntemos: “Señor, ¿dónde me necesitas?”



Dios no solamente busca personas capaces; busca corazones disponibles para ocupar el lugar donde son necesarios.

  • Quizás sea en tu familia.
  • En tu iglesia.
  • En tu trabajo.
  • Ayudando a alguien.
  • Asumiendo una responsabilidad que otros no quieren asumir.

No todos tendremos la misma función, pero todos podemos ocupar nuestro lugar. La disponibilidad muchas veces comienza con una oración sencilla: “Señor, aquí estoy. Si puedes usar mi vida, cuenta conmigo.”

El Señor te bendiga.