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Devocional
“Se negaron a obedecer y no recordaron los milagros que habías hecho por ellos. En cambio, se volvieron tercos y nombraron a un líder para que los llevara de regreso a la esclavitud en Egipto. Pero tú eres un Dios de perdón, lleno de gracia y misericordia, lento para enojarte y rico en amor inagotable. No los abandonaste.”
Nehemías 9:17, (NTV)
Tesoro Bíblico
Un Dios que nunca nos abandona
Después de escuchar la Palabra, el pueblo volvió a reunirse. Esta vez lo hizo en ayuno, reconociendo delante de Dios sus pecados (Nehemías 9:1-2). Y nuevamente la Palabra ocupó un lugar central:
“Durante unas tres horas se leyó en voz alta el libro de la ley del Señor su Dios. Luego, durante otras tres horas, confesaron sus pecados y adoraron al Señor.” (Nehemías 9:3).
La Palabra produjo convicción, confesión y adoración. Entonces comienza una de las oraciones más extraordinarias del libro. El pueblo hace memoria de toda su historia con Dios.
Recuerdan que Él escogió a Abraham y fue fiel a Su pacto (vv.7-8).
Recuerdan cómo escuchó el clamor de Israel en Egipto y abrió el mar delante de ellos (vv.9-11).
Recuerdan cómo los guio con la nube durante el día y con fuego durante la noche (v.12).
Recuerdan cómo les dio Su Palabra, alimento del cielo y agua en el desierto (vv.13-15).
Pero entonces aparece un contraste que se repetirá durante todo el capítulo: Dios fue fiel, pero el pueblo muchas veces fue infiel. Se llenaron de orgullo, fueron tercos y olvidaron lo que Dios había hecho (vv.16-17). Incluso fabricaron un becerro de oro. Sin embargo: “Por tu gran misericordia, no los abandonaste para que murieran en el desierto.” (Nehemías 9:19).
Dios continuó guiándolos, alimentándolos y sosteniéndolos. Y esta historia se repite una y otra vez:
- El pueblo se alejaba.
- Llegaban las consecuencias.
- Clamaban nuevamente a Dios.
- Y Dios, en Su misericordia, volvía a rescatarlos. (Nehemías 9:26-31).
Por eso el capítulo no termina exaltando la fidelidad del pueblo, sino la extraordinaria fidelidad de Dios. “En todo lo que nos ha sucedido, has sido justo; tú has actuado fielmente.” (Nehemías 9:33).
Cuando miramos nuestra historia con sinceridad, descubrimos que no hemos llegado hasta aquí porque siempre fuimos fieles, sino porque Dios ha sido fiel con nosotros.
Nuestra historia no habla de lo perfectos que hemos sido, sino de lo fiel que Dios ha sido con nosotros.
Punto de Acción
Hoy sería bueno detenernos y hacer memoria. Recuerda momentos donde Dios te sostuvo.
- Puertas que abrió.
- Oraciones que respondió.
- Errores que perdonó.
- Momentos donde te alejaste y Él volvió a llamarte.
Recordar nuestra historia correctamente produce dos cosas:
Humildad, porque reconocemos nuestras debilidades. Y gratitud, porque descubrimos cuánto nos ha sostenido la misericordia de Dios.
Si hoy has fallado, no huyas de Él. Reconoce, confiesa y vuelve. Porque el mismo Dios que acompañó a Israel sigue siendo:
“Un Dios de perdón, lleno de gracia y misericordia, lento para enojarse y rico en amor inagotable.”
El Señor te bendiga.