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“Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra”

Colosenses 3:1-2, (NTV)

Pon la mirada en lo de arriba

Pablo comienza con una declaración fundamental: si hemos resucitado con Cristo a una nueva vida, también debemos aprender a mirar la vida de una manera nueva (Colosenses 3:1-4).

“Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.” (v.2). Esto no significa desentendernos de nuestras responsabilidades, sino aprender a mirar todo desde la perspectiva de Dios. Nuestras decisiones, prioridades y deseos comienzan a cambiar cuando Cristo ocupa nuestra mente y nuestro corazón.

Por eso Pablo inmediatamente habla de cosas que debemos abandonar: “Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes.” (Colosenses 3:5).

Menciona la inmoralidad, los malos deseos y la avaricia; pero también cosas que fácilmente podemos normalizar: enojo, ira, malicia, calumnia, lenguaje sucio y mentira (vv.5-9). La nueva vida en Cristo implica quitarse la vieja naturaleza y vestirse de la nueva (vv.9-10).

¿Y cómo se ve esa nueva vida? “Vístanse de tierna misericordia, bondad, humildad, gentileza y paciencia.” (Colosenses 3:12).

Pablo agrega algo tremendamente práctico: debemos soportarnos, perdonarnos como Cristo nos perdonó y, sobre todas las cosas, vestirnos de amor (vv.13-14).

Luego entrega tres claves preciosas para nuestra vida diaria: que la paz de Cristo gobierne nuestro corazón, que el mensaje de Cristo llene nuestra vida y que vivamos siendo agradecidos (Colosenses 3:15-17). Pablo lleva esta transformación a nuestras relaciones cotidianas: el matrimonio, los hijos, los padres y el trabajo (Colosenses 3:18-25). La vida nueva no se demuestra solamente cuando estoy en la iglesia; se hace visible en casa, en nuestras relaciones y en la manera en que trabajamos.

Y lo resume extraordinariamente: “Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús.” (Colosenses 3:17). Seguir a Cristo no consiste solamente en cambiar lo que creemos; significa permitir que Él transforme lo que pensamos, hablamos, hacemos y cómo tratamos a los demás.



Una nueva vida en Cristo necesita una nueva manera de pensar, actuar y amar. Hoy podemos hacer dos preguntas muy sencillas:

  • ¿Qué necesito quitarme?
    Tal vez enojo, amargura, mentira, malos deseos o alguna actitud de la vieja vida.
  • ¿De qué necesito vestirme?
    Misericordia, bondad, humildad, paciencia, perdón y amor.
  • No basta con dejar lo malo; Cristo quiere formar algo nuevo en nosotros.
  • el Señor te bendiga.