Escuchar artículo

0:000:00
Listo para reproducir

“También observé la opresión que ocurre bajo el sol. Vi las lágrimas de los oprimidos, y no había quien los consolara. El poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara”

Eclesiastés 4:1, (NTV).

No fuimos creados para caminar solos

En Eclesiastés 4, Salomón continúa observando la realidad de la vida “bajo el sol”. Esta vez dirige su mirada hacia el sufrimiento, la injusticia y la soledad que experimenta el ser humano. Lo primero que observa es doloroso: Hay opresión, hay abuso de poder, hay personas que sufren sin encontrar consuelo.

Salomón reconoce que el mundo, separado de Dios, está marcado por la injusticia y el quebranto. Luego observa otro problema: la competencia y la ambición humana. Muchas veces trabajamos y luchamos no solo por necesidad, sino por compararnos con otros. Y nuevamente concluye que esta búsqueda termina siendo “como perseguir el viento”.

Pero en medio de estas reflexiones aparece una de las enseñanzas más hermosas del libro “Es mejor ser dos que uno” v.9.

Salomón comprende que el ser humano no fue creado para vivir aislado.

  • Si uno cae, el otro puede levantarlo.
  • Si uno tiene frío, el otro puede darle calor.
  • Si uno es atacado, el otro puede defenderlo.
  • Dios nos creó para vivir en comunidad, en amistad y en compañía.

La autosuficiencia parece fortaleza, pero muchas veces es una forma de soledad. El Señor nos diseñó para caminar junto a otros, apoyarnos mutuamente y encontrar consuelo en medio de las dificultades. Pero tambíen dice “Una cuerda triple no se corta fácilmente. v.12. Esta imagen nos recuerda que la verdadera fortaleza no proviene solamente de las personas que nos rodean, sino de la presencia de Dios en medio de nuestras relaciones y de nuestra vida. Cuando Dios es el tercer cordón y el creyente encuentra seguridad, la amistad se fortalece, la familia permanece, el matrimonio se sostiene, la iglesia se edifica, Eclesiastés 4 nos recuerda que, aunque vivimos en un mundo quebrantado.

Dios nos ha dado el regalo de la familia, la amistad y la Iglesia para sostenernos en el camino, pero sobre todo, nos ha prometido caminar Él mismo con nosotros.

La verdadera fortaleza se encuentra cuando caminamos junto a otros y mantenemos a Dios en el centro.



Cuando Dios es el tercer cordón, la vida encuentra la fortaleza que nunca podría tener por sí sola.

  • Valora las personas que Dios ha puesto a tu lado.
  • No enfrentes las cargas de la vida en soledad.
  • Permite que Dios sea el centro de tus relaciones.
  • Busca fortalecer y sostener a quienes te rodean.
  • El Señor te bendiga.