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“Entonces observé todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, y vi que nada tenía sentido. Era como perseguir el viento. No había nada realmente valioso en ningún lugar”

Eclesiastés 2:11, (NTV).

Perseguir el viento

En Eclesiastés 2, Salomón lleva al extremo la búsqueda del sentido de la vida. Si en el capítulo anterior observó la realidad de un mundo pasajero, ahora decide experimentar personalmente todo aquello que el ser humano suele buscar para encontrar felicidad. Buscó placer, buscó diversión, buscó grandes proyectos, buscó riquezas, buscó posesiones, buscó fama y buscó sabiduría. Llegó a poseer más de lo que cualquier persona de su tiempo podría imaginar. Sin embargo, después de experimentar todo aquello, su conclusión es sorprendente.

“Todo era absurdo, como perseguir el viento” v.11. Salomón descubrió que nada de este mundo puede satisfacer plenamente el corazón humano. Ni el placer, ni el trabajo, ni la riqueza, ni siquiera la sabiduría por sí sola.

Además, comprendió una realidad dolorosa, el ser humano trabaja toda su vida acumulando cosas que finalmente dejará a otros. Entonces, ¿significa esto que nada tiene valor? No.

En medio de esta reflexión, Salomón llega a una de las primeras grandes conclusiones del libro. La verdadera satisfacción no se encuentra en las cosas, sino en Dios “Entonces llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que disfrutar de la comida y la bebida, y encontrar satisfacción en el trabajo. Luego me di cuenta de que esos placeres provienen de la mano de Dios” v.24.

Las bendiciones de la vida el trabajo, el alimento, la familia y los momentos de alegría no fueron diseñadas para reemplazar a Dios, sino para ser disfrutadas como regalos que provienen de Su mano.

El problema no es disfrutar de las bendiciones. El problema es esperar que las bendiciones hagan lo que solo Dios puede hacer.

Eclesiastés 2 nos recuerda que el corazón humano fue creado para encontrar su plenitud en el Señor. Todo lo demás es temporal, pero Dios permanece para siempre.

Todo aquello que buscamos para satisfacer nuestra alma fuera de Dios terminará siendo como perseguir el viento.



Todo lo que intentamos usar para reemplazar a Dios termina siendo como perseguir el viento.

  • Examina dónde estás buscando tu satisfacción y propósito.
  • Agradece las bendiciones que Dios te ha dado sin convertirlas en ídolos.
  • Aprende a disfrutar la vida como un regalo del Señor.
  • Busca en Dios la plenitud que ninguna otra cosa puede ofrecer.
  • Dios te bendiga