Escuchar artículo

0:000:00
Listo para reproducir

“Por lo tanto, procuremos que haya armonía en la iglesia y tratemos de edificarnos unos a otros”

Romanos 14:19, (NTV).

Edificándonos unos a otros

En Romanos 14, Pablo continúa mostrando cómo debe vivir una persona transformada por el evangelio. Después de hablar en el capítulo anterior acerca de la obediencia y el amor, ahora aborda un tema muy práctico las diferencias entre los creyentes.

En la iglesia de Roma había discusiones acerca de ciertos alimentos y días especiales. Algunos creyentes tenían una conciencia más sensible en estos asuntos, mientras que otros entendían la libertad que tenían en Cristo. Pero Pablo les recuerda una verdad fundamental. Todos pertenecemos al Señor. Cristo no murió para formar un pueblo dividido, sino una familia unida en Él. Por eso, Pablo exhorta a los creyentes a no juzgarse ni menospreciarse unos a otros por asuntos secundarios.

“¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro?” v.4. Cada creyente dará cuentas al Señor, porque todos compareceremos ante Él. Entonces Pablo dirige la atención hacia lo verdaderamente importante. “Procuremos las cosas que contribuyen a la paz y a la mutua edificación” v.19.

La madurez espiritual no consiste en demostrar que tenemos razón, sino en buscar el bien de nuestros hermanos. La libertad cristiana no debe ser usada para herir la conciencia de otros o para causar tropiezo. El amor siempre está dispuesto a renunciar a sus propios derechos para ayudar al crecimiento espiritual de los demás. Porque al final “El reino de Dios no se trata de lo que comemos o bebemos, sino de llevar una vida de bondad, paz y alegría en el Espíritu Santo” v.17.

Romanos 14 nos enseña que, en aquellas cosas donde los creyentes pueden tener diferencias, debemos actuar con humildad, amor y respeto. El Señor nos llamó no solamente a tener comunión con Él, sino también a edificarnos unos a otros.

La madurez cristiana se refleja cuando buscamos la paz y la edificación de nuestros hermanos por encima de nuestros propios derechos.



La verdadera madurez espiritual no consiste en imponer nuestros derechos, sino en edificar a nuestros hermanos en amor.

  • Evita juzgar a otros en asuntos secundarios.
  • Busca siempre aquello que produce paz y unidad.
  • Usa tu libertad con amor y responsabilidad.
  • Procura edificar a los demás y no ser motivo de tropiezo.
  • Recuerda que todos pertenecemos al Señor.
  • Dios te bendiga.