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“Pues las Escrituras nos dicen: «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe»”

Romanos 4:3, (NTV).

Creyó a Dios

En Romanos 4, Pablo continúa desarrollando la gran verdad presentada en el capítulo anterior: somos justificados por gracia mediante la fe y no por nuestras obras. Pero ahora utiliza el ejemplo de Abraham, el padre de la nación judía, para demostrar que este siempre ha sido el plan de Dios.

Los judíos consideraban a Abraham como un gran ejemplo de obediencia y justicia. Sin embargo, Pablo les hace una pregunta importante: ¿Fue Abraham aceptado por Dios por sus obras o por su fe? La respuesta se encuentra en Génesis “Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe” v.3. Antes de la ley, antes de la circuncisión y antes de cualquier obra religiosa, Abraham fue declarado justo porque confió en la promesa de Dios. Esto significa que la salvación nunca ha sido una recompensa por el esfuerzo humano. Siempre ha sido un regalo de la gracia de Dios recibido por medio de la fe.

Pablo también menciona a David, quien entendió esta misma verdad al hablar de la felicidad del hombre cuyos pecados han sido perdonados por Dios. Pero quizás la parte más hermosa del capítulo es cuando vemos la fe de Abraham frente a una situación imposible. Humanamente, Abraham y Sara ya eran ancianos y la promesa de tener un hijo parecía imposible. Sin embargo “Abraham siguió teniendo esperanza porque creía que llegaría a ser padre de muchas naciones” v.18. Su fe no estaba puesta en las circunstancias, sino en la fidelidad de Dios.

Pablo concluye diciendo que estas palabras no fueron escritas solamente para Abraham, sino también para nosotros. Así como Abraham creyó en las promesas de Dios, nosotros somos declarados justos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para darnos una nueva vida.

Romanos 4 nos recuerda que Dios sigue honrando una fe que descansa en Su carácter y en Sus promesas.

La fe permanece firme cuando se apoya en la fidelidad de Dios y no en las circunstancias.



La esperanza del creyente no nace de las circunstancias, sino de las promesas de Dios.

  • Confía en las promesas de Dios aun cuando no veas resultados inmediatos.
  • No permitas que las circunstancias definan tu esperanza.
  • Recuerda que Dios tiene poder para cumplir todo lo que ha prometido.
  • Fortalece tu fe mirando al Señor y no a tus limitaciones.
  • El Señor te bendiga