Escuchar artículo

0:000:00
Listo para reproducir

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19:30, (NTV)

Consumado es

Juan 19 nos lleva al momento más profundo y decisivo del evangelio: la crucifixión de Jesús. Todo lo que había sido anunciado, enseñado y preparado desde el comienzo ahora llega a su cumplimiento.

Jesús es llevado ante Pilato, golpeado, humillado y rechazado. Aunque Pilato no encontraba culpa en Él, la presión del pueblo y de los líderes religiosos era cada vez más fuerte.

La humanidad estaba rechazando al mismo Hijo de Dios. Jesús es coronado con espinas, vestido con un manto púrpura y burlado como “rey”. Lo impactante es que aquello que hacían para humillarlo revelaba una verdad espiritual “Él sí era el Rey”. Pero no un rey terrenal como esperaban muchos, sino el Rey eterno que vino a salvar al mundo.

Luego Jesús carga la cruz y es crucificado. Juan muestra cómo aun en medio del dolor, todo seguía cumpliendo el propósito del Padre. Nada estaba fuera de control. La cruz no fue un accidente, fue el acto más grande de amor y redención. Incluso en medio del sufrimiento, Jesús sigue mostrando compasión. Desde la cruz se preocupa por Su madre y la entrega al cuidado de Juan. Aun sufriendo, Su corazón seguía amando.

Y entonces llega uno de los momentos más poderosos de toda la Escritura: “Consumado es” v.30. No fue una expresión de derrota.
Fue una declaración de victoria. Jesús estaba anunciando que la obra había sido completada:

  • El precio por el pecado había sido pagado
  • El camino al Padre había sido abierto
  • La redención estaba cumplida

La cruz parecía oscuridad y muerte, pero en realidad allí estaba ocurriendo la salvación del mundo. Después vemos cómo atraviesan Su costado y brotan sangre y agua. Todo apunta al sacrificio perfecto del Cordero de Dios.

Finalmente Jesús es sepultado. El capítulo termina en silencio, pero no en derrota. Porque el propósito de Dios aún no había terminado.

Juan 19 nos recuerda cuánto costó nuestra salvación y cuánto amor hubo en cada paso que Jesús dio hacia la cruz. Cristo permaneció hasta el final por amor a nosotros.

Jesús completó perfectamente la obra de salvación en la cruz.



La cruz no fue el final de Jesús; fue el comienzo de nuestra redención.

  • Recuerda diariamente el valor del sacrificio de Cristo.
  • Vive agradecido por la salvación que Jesús conquistó.
  • Confía en que la obra de Cristo es suficiente.
  • Permanece firme sabiendo que el amor de Dios llegó hasta la cruz por ti.
  • El Señor te bendiga