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Devocional
“Entonces Jesús le dijo: Yo entré en este mundo para hacer juicio, para dar vista a los ciegos y para demostrarles a los que creen que ven, que, en realidad, son ciegos”
Juan 9:39, (NTV)
Tesoro Bíblico
Cuando Jesús abre los ojos
Juan 9 nos muestra uno de los milagros más impactantes del ministerio de Jesús: la sanidad de un hombre ciego de nacimiento. Pero este capítulo no tan solo habla de una sanidad física, habla de una ceguera mucho más profunda: la espiritual.
Todo comienza cuando los discípulos ven al hombre ciego y preguntan: “¿Quién pecó para que naciera así?”
Ellos pensaban que el sufrimiento siempre debía tener una explicación inmediata o un culpable. Pero Jesús responde algo completamente diferente: “Esto sucedió para que las obras de Dios se manifestaran en él”.
Dios puede usar incluso situaciones difíciles para revelar Su gloria. Entonces Jesús hace barro, unge los ojos del hombre y le dice que vaya a lavarse. El hombre obedece y vuelve viendo.
El milagro comienza cuando responde a la palabra de Jesús. Pero después de la sanidad ocurre algo sorprendente: en vez de alegría general, aparece oposición. Los fariseos comienzan a interrogarlo porque Jesús había hecho el milagro en sábado. Estaban más enfocados en sus reglas que en el hombre que había recibido vista Y aquí el capítulo comienza a mostrar dos tipos de ceguera:
- un hombre físicamente ciego que ahora puede ver.
- líderes religiosos que físicamente ven, pero espiritualmente están ciegos.
No todos los que tienen ojos realmente ven la verdad de Dios. Mientras más interrogan al hombre, más firme se vuelve su testimonio. Él no entiende toda la teología, pero sí sabe algo:
“Antes era ciego y ahora veo”. Un encuentro verdadero con Jesús produce una transformación que nadie puede negar.
Jesús vino para abrir los ojos espirituales. Los que reconocen su necesidad pueden recibir luz, pero quienes creen que ya lo saben todo terminan endureciendo su corazón.
Punto de Acción
Quien se encuentra verdaderamente con Jesús nunca vuelve a ver igual.
- Reconoce tu necesidad de que Dios abra tus ojos espirituales.
- No permitas que la religiosidad te impida ver a Cristo.
- Obedece la voz de Jesús aunque no entiendas todo el proceso.
- Comparte lo que Dios ha hecho en tu vida.
- El Señor te bendiga