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Para aprender, hay que amar la disciplina; es tonto despreciar la corrección

Proverbios 12:1, (NTV)

Amar la corrección

Proverbios 12 comienza con una verdad directa y confrontadora: crecer duele, pero estancarse destruye. El sabio no es el que nunca se equivoca, sino el que ama ser corregido.

En nuestra naturaleza humana tendemos a defendernos cuando alguien nos corrige. El orgullo se activa, buscamos justificarnos o minimizar el error. Pero la Palabra nos enseña que la disciplina no es castigo, es formación. Dios corrige porque ama. Corrige porque ve lo que podemos llegar a ser.

La corrección revela humildad. Cuando aceptamos ser enseñados, mostramos que nuestro corazón está dispuesto a cambiar. La persona que rechaza la corrección termina aislándose, repitiendo errores y endureciendo su corazón.

Como iglesia, como padres, como líderes y discípulos, necesitamos recuperar el valor de la disciplina espiritual: escuchar consejo, recibir exhortación, permitir que la Palabra nos confronte. El Espíritu Santo usa la corrección para moldear nuestro carácter y alinearnos con el propósito de Dios.

La pregunta no es si necesitaremos corrección, sino cómo reaccionaremos cuando llegue.



Hoy pídele al Señor un corazón enseñable.
Si alguien te corrige, escucha antes de responder.
Si la Palabra te confronta, permite que te transforme.

La disciplina es una puerta al crecimiento.
Que hoy amemos aquello que nos forma.

Dios te bendiga.