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“Con el paso del tiempo, las mujeres de Salomón desviaron su corazón hacia otros dioses, y su corazón no permaneció totalmente fiel al Señor su Dios, como el corazón de su padre David”

1 Reyes 11:4, (NTV)

Un corazón dividido

Salomón no perdió su relación con Dios de un día para otro. Su caída fue lenta y silenciosa. El problema no comenzó en los altares paganos, sino en su corazón. Amó muchas cosas que Dios no había aprobado, y ese amor desordenado terminó dividiendo su devoción.

El texto no dice que Salomón dejó de creer en Dios, sino que dejó de ser totalmente fiel. Permitió que otras voces, deseos y afectos ocuparan un lugar que solo le correspondía al Señor.

El amor verdadero, según Dios, es fiel, exclusivo y comprometido. El “amor” de Salomón por 700 mujeres y 300 concubinas no fue amor de pacto, sino amor desordenado, guiado por el deseo y la conveniencia.

Cuando el amor no está ordenado por Dios:

  • El corazón se divide
  • La obediencia se debilita
  • La fe se enfría

La idolatría comienza cuando algo bueno ocupa el lugar supremo que solo Dios debe tener. Esto es lo que la Biblia llama apostasía: apartarse progresivamente de Dios, aun conociendo la verdad. Salomón, el hombre más sabio, terminó siguiendo dioses que destruyen la vida. Esto nos recuerda que la sabiduría no sustituye la obediencia, y que solo un corazón fiel puede permanecer firme. Lo que protege nuestra fe es un corazón rendido y vigilante cada día.



Dios no busca perfección, pero sí un corazón íntegro y rendido.

  • ¿Qué cosas están compitiendo hoy por mi devoción a Dios?
  • ¿Estoy siendo fiel en mis decisiones y afectos?
  • ¿Hay áreas de mi vida donde estoy justificando la desobediencia?
  • El Señor te bendiga