Escuchar artículo

0:000:00
Listo para reproducir

“Entonces podrán comprender, junto con todo el pueblo santo, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. Que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios”

Efesios 3:18–19 (NTV)

Experimentando el amor que no tiene límites

La carta a los Efesios fue escrita por el apóstol Pablo para afirmar a la iglesia en su identidad en Cristo. En el capítulo 3, Pablo hace una pausa en su enseñanza para elevar una oración profunda por los creyentes. No ora por circunstancias externas, sino por una transformación interior: que Cristo habite en sus corazones y que sean fortalecidos por el Espíritu Santo. Efesios 3:18–19 forma parte de esa oración. Pablo entiende que la vida cristiana no se sostiene solo con doctrina correcta, sino con una experiencia viva del amor de Cristo, compartida en comunidad “Junto con todo el pueblo santo”.

  • La plenitud que viene de Dios
    El resultado de experimentar el amor de Cristo es una vida llena de la plenitud de Dios. No se trata de perfección humana, sino de una vida fortalecida por Su presencia, Su poder y Su Espíri
  • Un amor que se experimenta, no solo se entiende
    Pablo no dice únicamente “que conozcan”, sino “que vivan” el amor de Cristo. Esto nos recuerda que la fe no es solo intelectual; es relacional y vivencial. El amor de Cristo se descubre al caminar con Él día a día.
  • Un amor sin límites
    Las cuatro dimensiones ancho, largo, alto y profundo expresan que no hay rincón de nuestra vida que quede fuera del amor de Cristo. Abarca nuestro pasado, sostiene nuestro presente y asegura nuestro futuro.
  • Una experiencia comunitaria y personal
    El crecimiento espiritual no es aislado. Se profundiza “junto con todo el pueblo santo”, pero también se vive de manera personal, en la intimidad con Dios.


Que el Espíritu Santo nos guíe a vivir llenos de Su Plenitud cada día.

  • Dedica tiempo a la oración no solo para pedir, sino para permanecer en la presencia de Dios.
  • Permite que el amor de Cristo sane áreas donde aún hay temor, culpa o inseguridad.
  • El Señor te bendiga